Mateo

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Mateo 4

¡He aquí vuestro Rey!

Introducción 1 - 2 Tentación por el Diablo 3 - 4 La primera tentación 5 - 7 La segunda tentación 8 - 10 La tercera tentación 11 El diablo ha sido derrotado 12 - 17 Inicio del ministerio en Galilea 18 - 22 Llamado de los primeros discípulos 23 - 25 El Señor enseña, proclama y sana

Introducción

En Mateo 4 vemos la tentación de nuestro Señor. El que ha nacido Rey, primero debe ser sometido. Su derecho a gobernar debe demostrarse en su alegría de obedecer. Quien tiene el derecho exclusivo de mandar, primero toma el lugar de siervo. Si Dios quiere tener una creación redimida que sea estable y duradera, en la cual cada parte esté libre de la mancha del pecado o sombra de imperfección, entonces Él, quien mantendrá todo unido, debe ser puesto a prueba. El principio y la garantía de esa nueva creación es Cristo. Pero Él debe ser probado, y de una manera que nadie más conocerá jamás.

1 - 2 Tentación por el Diablo

1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. 2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre.

Antes de que el Señor sea tentado, dos cosas han quedado claramente establecidas en los versículos precedentes (Mat 3:16-17): es el Hijo de Dios y está sellado como Hombre con el Espíritu Santo. Esto también se aplica al creyente. Las tentaciones forman parte de la vida cristiana. Antes de que tengamos que lidiar con ello, vemos cómo el Señor nos ha precedido en esto.

Cristo debe enfrentarse a tres tentaciones. En la primera es tentado como Hombre, en la segunda como Mesías y en la tercera como Hijo del Hombre. La primera tentación tiene que ver con la dependencia de Dios, la segunda con la confianza en Dios y la tercera con la adoración y el servicio a Dios (cf. 1Jn 2:16).

El Espíritu, que acaba de venir sobre Él, lo conduce al desierto, a la presencia del diablo. El diablo no es un «principio malo», sino que es tan persona como el Señor Jesús. Desde Génesis 3 en adelante, está acostumbrado a engañar a la gente dirigiéndose a su lujuria y orgullo. Esto no lo encuentra en el Señor Jesús.

Dios no ha colocado ninguna protección especial alrededor de su Hijo para que permaneciera libre de ser tentado por el diablo. Cristo es tentado por el diablo durante todo el período de cuarenta días, es decir, mientras está en el desierto. La Biblia solo recoge las tres últimas tentaciones.

En las tentaciones que sufre el Señor Jesús hay dos clases. El primer tipo de tentación no es general para el hombre, sino especialmente para Él. No se describen porque no incluyen lecciones para nosotros. La segunda clase son las que sufre al final de los cuarenta días. Estas son las tres tentaciones descritas a partir del versículo 3 en adelante. Tales tentaciones son también nuestra porción.

El propósito de las tentaciones por las que pasa Cristo no es ver si puede pecar. No puede. Con Él, las tentaciones prueban que, en las circunstancias más extraordinarias, no hace otra cosa que obedecer y confiar plenamente en la palabra de Dios. Él vence donde el primer hombre, en circunstancias mucho más favorables, ha fracasado. Porque, después de todo, Adán y Eva entregaron la palabra de Dios al diablo, mientras que el Hijo del Hombre resiste por medio de la palabra de Dios.

Durante todo el período de cuarenta días, el Señor ha ayunado. Cuando habla del ayuno en uno de los capítulos siguientes (Mat 6:16-18), habla por experiencia. Es perfectamente consciente del enorme poder de las tentaciones del diablo y de lo que está en juego. Todo demuestra que es verdaderamente Hombre. Tampoco está por encima de las consecuencias del ayuno. Pasa hambre. Pasa por todo lo que puede sucederle a una persona.

3 - 4 La primera tentación

3 Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. 4 Pero Él respondiendo, dijo: Escrito está: «NO SOLO DE PAN VIVIRÁ EL HOMBRE, SINO DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS».

La primera tentación del enemigo se sitúa en el terreno de las necesidades. El hambre es una necesidad corporal. El diablo propone que el Señor satisfaga sus necesidades corporales utilizando el poder que posee para hacer pan de las piedras. Es impresionante pensar que el Señor Jesús realmente tiene necesidad de algo que, de otro modo, podría proporcionarse a sí mismo con el poder que posee. Aquí vemos de nuevo el misterio insondable de su Persona, que es completamente Hombre y también verdaderamente Dios.

No es pecado tener hambre, ni es pecado comer, ni es pecado que el Señor use su poder. Pero Él es el Hombre dependiente. Sería un pecado para Él si proveyera su alimento sin que Dios lo hubiera dicho. La tentación aquí es realizar un acto en independencia de Dios. El mundo ha sido gobernado desde la caída por actos de esta naturaleza. Demuestran que el hombre que pierde a Dios se convierte en un egoísta, alguien que sólo piensa en sí mismo.

Con las palabras «si eres Hijo de Dios», el diablo le reta a que lo demuestre ordenando que las piedras se conviertan en pan. Pero su Padre no le dijo que lo hiciera. Por eso no lo hace. Esto también se aplica a nosotros. Si no tenemos una instrucción clara de Dios para hacer algo, siempre debemos esperar a que Él nos la dé. La fe, la confianza, se demuestra esperando que Dios revele su voluntad.

El Señor ha tomado el lugar de un siervo, y ese no es el lugar para mandar. Personalmente, Él tiene el poder de hacer pan de las piedras. Nosotros no tenemos ese poder. Sin embargo, también podemos hacer pan de la piedra en un sentido espiritual. Lo hacemos cuando utilizamos las cosas bellas y atractivas que se encuentran en el desierto del mundo para satisfacer nuestras necesidades. Eso plantea la pregunta: ¿Con qué alimento llenamos nuestra mente?

El Señor no quiere utilizar su poder para sí mismo, en independencia de Dios. Es una constante de la obra del Espíritu Santo en los hijos de Dios que no usen los poderes milagrosos para sí mismos o para sus amigos. Pablo no utilizó ese poder para sí mismo ni para sus compañeros de trabajo.

El poder del Señor en las acciones reside en la palabra de Dios. Con ella responde al diablo, sin entrar en discusión con él. En su respuesta muestra que la verdadera vida sólo puede encontrarse en lo que Dios ha dicho (Deut 8:3). Si nos centramos en esto, seremos preservados de actuar en nuestro propio poder y de los actos perjudiciales que de ello se derivan.

5 - 7 La segunda tentación

5 Entonces el diablo le llevó a la ciudad santa, y le puso sobre el pináculo del templo, 6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo, pues escrito está: «A SUS ÁNGELES TE ENCOMENDARÁ», y: «EN LAS MANOS TE LLEVARÁN, NO SEA QUE TU PIE TROPIECE EN PIEDRA». 7 Jesús le dijo: También está escrito: «NO TENTARÁS AL SEÑOR TU DIOS».

La segunda tentación no se dirige a las necesidades físicas, sino a las religiosas. Para ello, el diablo lleva al Señor Jesús a Jerusalén, la ciudad santa, al lugar más sagrado de esa ciudad: el templo. Lo hace subir al pináculo del templo. Entonces hace lo que ha hecho el Señor: cita algo que está escrito. Pero cuando el diablo cita la palabra de Dios, siempre la usa mal y siempre la cita incorrectamente.

El texto citado por el diablo para tentar al Señor a cometer una imprudencia (Sal 91:11-12) se refiere a la promesa de Dios de que protegerá al Mesías de la catástrofe. Al citar este texto, el diablo dice, por así decirlo: ‘Aquí tienes una palabra de Dios para ti.’ La distorsión de la Palabra consiste en que el diablo omite las palabras «en todos tus caminos». De nuevo, el diablo quiere que Él haga algo sin andar en el camino de Dios.

Pero su astucia va aún más lejos. Quiere que Cristo desafíe a Dios a demostrar que conservará y protegerá al Mesías. Esto es evidente por la respuesta del Señor, que nuevamente consiste en una cita de la Escritura (Deut 6:16). Tampoco aquí entra en discusión con el diablo. En su respuesta indica que confía en Dios incondicionalmente y que es pecado preguntar con incredulidad si Dios es digno de confianza. Desconfiamos de Dios si queremos que demuestre su cuidado mediante acciones externas.

Las dos primeras tentaciones muestran dos principios que conducen a la victoria. El primer principio es la obediencia simple y absoluta. El segundo es la confianza total en el camino de la obediencia. Para tener el valor de obedecer, necesitamos confianza. Pero la confianza se encuentra solo en el camino de la obediencia.

8 - 10 La tercera tentación

8 Otra vez el diablo le llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrándote me adoras. 10 Entonces Jesús le dijo: ¡Vete, Satanás! Porque escrito está: «AL SEÑOR TU DIOS ADORARÁS, Y SOLO A ÉL SERVIRÁS».

En la tercera tentación, el diablo lleva al Señor a un lugar desde el que le ofrece una visión general del mundo entero. Cuando el diablo muestra algo bello e impresionante y además lo ofrece, lo hace para que alguien caiga en sus garras. En cierto modo, los reinos de este mundo pertenecen al diablo. Adán ha perdido la autoridad sobre ellos y ha entregado el mundo al diablo. Por lo tanto, desde la caída del hombre, el diablo ha sido «el dios de este mundo» y «el príncipe [lit. gobernante] de este mundo» (2Cor 4:4; Jn 14:30). Esta situación continuará hasta que vuelva el Señor Jesús. Sólo entonces comenzará su reino (Apoc 11:15).

La tentación es que Cristo puede conseguir los reinos sin tener que sufrir por ellos. El diablo le muestra la herencia que le espera y se la ofrece con la condición de que el Señor Jesús se arrodille ante él. Cuántas veces la gente se ha arrodillado ante el diablo por mucho menos. El diablo se revela como Satanás al afirmar rotundamente que Cristo puede conseguir «todo» si se postra y lo adora. Satanás se coloca como objeto de adoración en el lugar de Dios. A cambio, ofrece cosas de la zona que domina.

El Señor lo rechaza como «Satanás», que significa ‘adversario’. Se resiste a él. Nunca debemos permitir que nada ni nadie se interponga entre nuestro corazón y Dios y ocupe así el lugar de Dios. Esto es también lo que escucha Pedro cuando quiere apartar al Señor de su camino de obediencia (Mat 16:22-23).

Todas las citas de la Palabra que el Señor utiliza para responder al diablo provienen del libro de Deuteronomio. En ese libro, la responsabilidad de Israel se ve en conexión con la posesión de la tierra y los privilegios del pueblo. Allí vemos que todas las bendiciones para el pueblo se basan en la obediencia.

11 El diablo ha sido derrotado

11 El diablo entonces le dejó; y he aquí, ángeles vinieron y le servían.

El Señor ha resistido al diablo y lo ha vencido con la palabra de Dios. El diablo es el perdedor y se va sin haber conseguido ninguno de los resultados que deseaba. No puede apoderarse del Señor porque Él permanece dependiente, obediente, confiado y devoto en todo. Con esto, el Señor Jesús ha atado al fuerte. Ahora Él puede recorrer el país para despojar al hombre fuerte sus bienes, es decir, liberar a aquellos que están bajo el poder del diablo (Mat 12:29).

El lugar del diablo lo ocupan directamente los ángeles. Qué sin aliento debieron quedarse cuando su Creador fue tentado por el diablo de esta manera. Cómo les habría gustado defenderle. Un día harán la guerra contra el diablo y sus ángeles (Apoc 12:7). Todavía no es el caso aquí. Ahora vienen al Señor para ministrarle, posiblemente con comida que Él no quiso tomar por instigación del diablo.

12 - 17 Inicio del ministerio en Galilea

12 Cuando Él oyó que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea; 13 y saliendo de Nazaret, fue y se estableció en Capernaúm, que está junto al mar, en la región de Zabulón y de Neftalí; 14 para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías, cuando dijo: 15 ¡TIERRA DE ZABULÓN Y TIERRA DE NEFTALÍ, CAMINO DEL MAR, AL OTRO LADO DEL JORDÁN, GALILEA DE LOS GENTILES! 16 EL PUEBLO ASENTADO EN TINIEBLAS VIO UNA GRAN LUZ, Y A LOS QUE VIVIAN EN REGIÓN Y SOMBRA DE MUERTE, UNA LUZ LES RESPLANDECIÓ. 17 Desde entonces Jesús comenzó a predicar y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

El encarcelamiento de Juan marca el inicio del ministerio público del Señor. El rechazo de Juan anticipa el rechazo que Él mismo sufrirá. Juan es el precursor del Señor, tanto en su misión como en su rechazo (Mat 17:12).

La región donde desarrollará su ministerio está fuera de Jerusalén y Judea; se dirige al norte del país. El norte es una ruta de tránsito para las naciones. Allí viven los pobres y despreciados del rebaño, el remanente, que ya se distingue claramente de los gobernantes del pueblo en Mateo 3-4.

La región a la que se dirige fue predicha por Isaías (Isa 9:1-2). Con su venida, una gran luz brilla para un pueblo que camina en tinieblas. Para aquellos que están en la tierra de las sombras de la muerte, se enciende una luz. Con Él, la esperanza surge en una situación desesperada.

Allí vivirá y trabajará. Su predicación es la misma que la de Juan (Mat 3:1). La voz de Juan ha sido acallada, pero el Señor toma el relevo de la predicación y la continúa con mayor fuerza.

18 - 22 Llamado de los primeros discípulos

18 Y andando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, echando una red al mar, porque eran pescadores. 19 Y les dijo: Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres. 20 Entonces ellos, dejando al instante las redes, le siguieron. 21 Y pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo, [hijo] de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con su padre Zebedeo, remendando sus redes, y los llamó. 22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.

El Señor llama a las personas a sí mismo para que aprendan de Él. Él es el único que tiene este derecho. Las llama a seguirlo completamente en su ministerio y tentaciones. Esto significa que se conectan con Él y comparten todo lo que es su porción. Para hacer esto, deben renunciar a todo lo demás. Cuando Él llama, sus derechos superan a los de la naturaleza. Solo cuando Él llama, una persona puede dejar su trabajo e incluso a su familia. Esta llamada es única. Es habitual que alguien sirva al Señor en sus circunstancias cotidianas ordinarias circunstancias (1Cor 7:24).

Siempre es importante que, en cuanto esté clara su voluntad, actuemos «al instante». Esto es lo que hacen Santiago y Juan, así como Pedro y Andrés. En el momento en que son llamados, están muy ocupados a ejercer su profesión. El Señor Jesús no llama a personas perezosas, sino activas.

Las actividades que realizan durante su vocación simbolizan el trabajo que más tarde harán para el Señor. Pedro y Andrés se dedican a echar la red al mar; más tarde serán utilizados como pescadores de hombres para llevar a la gente a Cristo. Santiago y Juan se dedican a remendar las redes, es decir, a repararlas y ponerlas en orden para la próxima pesca; más tarde serán utilizados para poner en orden las relaciones entre los creyentes. Pedro y Andrés son más evangelistas; Santiago y Juan son más pastores.

Ninguna educación humana hace a alguien apto para hacer la obra del Señor. Para ir con Él por la tierra, Él no escoge personas en posiciones altas, ni personas ricas o eruditas (cf. Hechos 4:13). La cualificación más importante es si alguien quiere depender de Él.

Las personas que se reúnen a su alrededor representan al remanente temeroso de Dios de Israel. La mayoría del pueblo no lo quiere, pero hay quienes creen en Él. Son solo unos pocos, un remanente en medio de la multitud. Para Él, estos creyentes son el verdadero Israel. Lo ve en los discípulos que reúne a su alrededor.

23 - 25 El Señor enseña, proclama y sana

23 Y [Jesús] iba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y se extendió su fama por toda Siria; y traían a Él todos los que estaban enfermos, afectados con diversas enfermedades y dolores, endemoniados, epilépticos y paralíticos; y Él los sanaba. 25 Y le siguieron grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y [del] otro lado del Jordán.

El ministerio del Señor consiste en enseñar, proclamar el evangelio y curar a los enfermos. Las curaciones son el poder que acompaña la proclamación. A través de ellas, la atención general se dirige firmemente a todo su servicio, que incluye su enseñanza, su predicación y sus obras. En la curación de las personas reside la prueba de que el poder del reino de Dios está presente en Él. Es el poder de Dios que se revela en la bondad en la tierra. Él proclama el reino y lo acompaña con la prueba del poder capaz de establecer ese reino. Podemos ver los milagros como una campana que atrae a la audiencia, tras lo cual se presenta el mensaje.

A través de sus enseñanzas y obras, muchos acuden a Él. En los capítulos siguientes, Mateo 5-7: les habla de los principios del reino de los cielos.

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